¿Qué fuerza domina la coyuntura macroeconómica internacional? ¿Los costos o la tecnología?

La economía global atraviesa un punto de inflexión marcado por la coexistencia de dos fuerzas estructuralmente opuestas. Por un lado, los conflictos geopolíticos, las disrupciones en las cadenas de suministro y el encarecimiento de la energía que han elevado los costos de producción mundialmente. Por el otro, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) como mejora en el conocimiento de combinar factores de producción que se traduce en un aumento de la productividad y, por vía de consecuencia, en un aumento de la eficiencia.

Bajo este contexto ¿qué fuerza domina actualmente la dinámica económica global? Es evidente que ambas coexisten, los costos apuntan a efectos directos por la rigidez de la estructura productiva y la inercia de los mercados que se traduce en aumentos generalizados de precios, mientras que la IA altera esta dinámica al reducir costos estructurales de la producción. En términos económicos, la presión inflacionaria producida por los costos se contrapone a la fuerza deflacionaria de la tecnología (IA). Esto último no es menor y el resto del artículo se enfoca en analizar este fenómeno.

Si bien, se puede prever que la IA tendrá efectos significativos en el mediano plazo (3+ años), ahora en la coyuntura, estamos siendo testigos de cómo se redefine de manera progresiva y sistemática la senda futura de crecimiento sobre la base de una brecha aún más amplia de productividad por sobre la acumulación de factores. Esto así, debido a que la IA, como tecnología de propósito general, cuenta con un elemento diferenciador que apunta a la adaptación continúa generando formas espontáneas de innovación que tienen impacto en: (i) coordinación y gestión administrativa, (ii) capital tecnológico y (iii) operaciones de empresas, hogares y gobiernos.

Uno de los cambios más profundos introducidos por la IA corresponde a la transformación del capital físico. Tradicionalmente, el capital era un insumo pasivo: maquinaria, infraestructura o equipos que ejecutaban tareas definidas. Hoy, ese capital tiene “memoria”. Los sistemas productivos pueden aprender de la experiencia, optimizar su desempeño en tiempo real y adaptarse a nuevas condiciones sin intervención humana directa. Esto se incorporará con mayor intensidad a través de (i) sistemas industriales automatizados, (ii) plataformas logísticas inteligentes y (iii) infraestructura conectada (internet de las cosas).

En paralelo, el capital humano también experimenta transformación. La IA reduce la necesidad de trabajo operativo, en tareas rutinarias, administrativas o de bajo contenido analítico. Esto genera un doble efecto: (i) desplazamiento laboral en ciertos segmentos y (ii) revalorización del trabajo cognitivo y estratégico. El trabajador ya no compite en ejecución, sino en interpretación, diseño y toma de decisiones. Esto, sin embargo, plantea riesgos coyunturales en términos de desigualdad y brechas de habilidades. La transición hacia esta nueva realidad dependerá de la velocidad de reinvención del sistema educativo y el entorno institucional.

La respuesta a la pregunta va más allá de sugerir que en el corto plazo los costos dominan y en el mediano plazo la tecnología se impone. De fondo, la humanidad está siendo testigo de una nueva fase tecnológica cuyo antecedente más próximo y medianamente comparable corresponde a la masificación del internet en los años noventa del siglo pasado. Desde 2022 la adopción masiva  de la IA como agente cognitivo ha reconfigurado drásticamente la función de producción en la economía. Esto hace replantear los cimientos mismos del sistema económico actual sobre lo que realmente significa producir, trabajar, acumular capital y conservar valor en el tiempo. Sin lugar a duda, esto también impacta directamente al sistema monetario moderno que hasta ahora se fundamenta en conservar cierto nivel de inflación para sostener deuda, valorar activos, consumir y estabilizar. Interesantes momentos se avecinan …bienvenidos a la nueva era…

Siguiente
Siguiente

¿Son prudentes las recientes medidas de política monetaria ante una fuerte desaceleración económica?